Friday, 7 March 2014

¿Para donde vamos con las protestas?

La oposición venezolana tiene que entender una cosa: a este régimen hay que derrotarlo por paliza electoral, de lo contrario seguirá haciendo trampa. Y es que cualquier victoria que se logre ahora, si es que se logra alguna, tendrá que pasar, tarde o temprano, por la prueba de las elecciones nacionales, donde no parece que la oposición tenga una mayoría significativa.

Un poco de historia. La oposición ganó las últimas elecciones, por un margen muy pequeño. Pero la oposición no pudo hacer valer su mayoría debido al control férreo de las instituciones por parte gobierno. Y esto tenemos que metérnoslo en la cabeza: o es paliza o nos hacen trampa. Y hace trampa y seguirá haciéndola porque no cree en la democracia y va a usar todos los subterfugios posibles para asirse del poder.
 Así que, después de las elecciones,  Capriles se retiró a acumular fuerzas, por una parte agotando los recursos legales de la denuncia, y por otra parte consolidando los espacios de poder ya conquistados para poder avanzar en el afianzamiento de los liderazgos locales. La estrategia es la correcta para enfrentar esta dictadura de fachada democrática y electoral. A partir de allí, el problema principal ya no es el gobierno, sino la oposición.
Por una parte hay una oposición que quisiera una solución militar. El sector militarista de la oposición, que no tiene expresión en el liderazgo de la oposición,  no ofrece una solución y son solo un estorbo en la lucha política.  Ellos tienen que entender que los militares son, en este país de 1800 generales, la clase dominante del país, junto a la burocracia del gobierno. En consecuencia,  una solución militarista sería solo capaz de substituir la burocracia bolivariana por una burocracia  tecnocrática en el mejor de los casos. Ya para ganar apoyo popular, la tecnocracia militarista probablemente sería significativamente similar a la chavista. La ceguera anticomunista de sectores de la oposición militarista no les permite intuir esta realidad que nadie quiere. Muy pocos quieren substituir el madurismo por el pinochetismo.
Hay otro sector opositor, democrático incontinente, que quiere inmolarse en las calles hasta que cambie el régimen. La estrategia de la salida tiene un rol fundamental que la oposición moderada no suele reconocer: al mostrarle los dientes al gobierno, hace la represión difícil. Sí, hay represión contra los manifestantes, pero no hay la represión sistemática que existe en países como Cuba o anteriormente en el cono Sur,  donde el estado se mete en la casa de noche y te desaparece.  Pueden disparar, pueden encarcelar a algunos, pueden incluso montar un sistema de espionaje masivo, pero la gente en la calle desacredita la capacidad represiva del Estado, pierde el miedo, y por lo tanto es posible que la oposición se organice , exista y avance.
A pesar de las virtudes que tiene, el problema de esta forma de resistencia radical es que no se da cuenta de algo muy fundamental. La Venezuela urbana se divide en dos clases subjetivas: los que se autocalifican pueblo, y viven en barrios, y los que se autocalifan clase media, y viven en urbanizaciones.Y la resistencia cívica en las urbanizaciones no suma respaldo en los barrios, porque las banderas que levanta no provienen del barrio. Y los barrios son, y seguirán siendo, la mitad de la población. Por lo tanto sus avances no conducen a una batalla electoral victoriosa que consolide la victoria que se logre ahora. A menos que se logre consolidar la libertad de los presos políticos, que no es poco pedir, y es una precondición para que la lucha democrática continúe.
Y esta lucha democrática  tiene que nacer del barrio, desde donde se aspira a la modernidad. No se trata de llegar a los barrios, como dicen, sino de respaldar la emergencia del deseo de participar en una sociedad moderna, con acceso tanto a empleo, educación  y vivienda como  a bienes y servicios de calidad. 

Sunday, 17 January 2010

Encuentro con la diosa (cuento)




Cuando la vi en el ascensor, entendí que mi vida sería miserable a partir de ese momento. Era ella. La primera vez que la vi fue una semana antes, cuando todavía no sabía en qué líos me metería. Estaba allí, justo en la acera de enfrente de mi edificio, en pleno casco urbano donde vivo, despachando risas contagiosas, mientras caminaba alegre con unas amigas. Bella, sensual y vivaz a más no poder. Se detuvo a comprar algo, verduras, frutas en un abasto. Yo me quedé en la acera de enfrente, viéndola. Todavía no sabía lo que me pasaría a partir de la semana siguiente.
Mi problema es la mandíbula asimétrica que tengo, la nariz un poco doblada, qué se yo. Es algo que se ve, y que está mal. O a lo mejor es algo que no se ve, pero debería verse. No sé. Las mujeres se fijan en tipos con más músculos, con la mandíbula más masculina, con la nariz derecha, y sobre todo, sin cerebro y con dinero. Y por eso me quedé viéndola desde la acera de enfrente, de lejos, tratando de no molestar. Yo estaba embelesado con su piel tostada. Con las caderas anchas de mulata y piernas carnosas y fuertes de tenista. Cintura era impecablemente estrecha y sus pechos medianos y naturales. Su rostro delgado y elegante y facciones de la misteriosa India contrastaba con su risa sonora y expresión pícara.
Miraba de lejos porque mi problema es que no soy galán, como mi amigo Gonzalo. El dice “qué bella estás hoy” y la bella, y me refiero a cualquier mujer bella de este planeta, se siente venerada y responde. Yo, en cambio, si digo “que bella estas hoy” entonces la bella me mira con cara de “ocupa tu puesto”, si es que me mira. Si el piropo se lo suelto a una amiga entonces el “ocupa tu puesto” es aún más descorazonador. Me dice, “gracias amigo”. Lo de “amigo” significa, que quede claro: “no se toca”. Amigo significa, tienes la boca torcida y te quiero mucho, muchísimo pero “contigo no”. Lizmary, Isabel, Ana Isabel, Ana María, todas amigas. Ninguna se podía tocar. Todas me dijeron, en algún momento, “amigo”. Por eso no puedo empezar una conversación con un cumplido. Tengo que hacer una pregunta. ¿Pero cuál?
Nunca sé por dónde empezar. Siempre he sido un tipo convencional, nunca rompo las normas. Me adapto para no molestar, y hago un gran esfuerzo para no llamar la atención. Me aterra decir cosas tontas en las fiestas y asiento cuando no sé qué me dicen porque igual sé que nadie dice nada interesante, pero yo sé que yo tampoco. No llego tarde para no disculparme, porque mis excusas pueden ser horrorosamente embarazosas. Y no soporto que se burlen de mí y por eso intento no discutir: me sumo a la mayoría y permanezco en silencio. Soy cobarde, además. Tan cobarde que hasta me asusto cuando veo una película y un personaje osa hacer algo indebido y podría ser descubierto por su amante. Lo mío serían los amores seguros, si existieran. Por eso cuando la vi y noté lo que sentí, me sentí perdido, era la hora de la perdición. No me podía pasar como en todos mis amores pasados. Esta vez algo tenía que pasar o seguiría hasta la muerte en este apartamentico caraqueño con vista al Avila.
Este tipo de cosas ocupaban mi mente. No por casualidad cuando la vi en el ascensor perdí la respiración como me pasa siempre cuando tengo una mujer hermosa en frente mío. No sé si soy un pervertido, un imbécil, un enfermo, un morboso. Así soy yo. No sé bien lo que digo, si es que digo algo, tampoco sé lo que pienso, porque no sé ni siquiera sé si pienso. Sólo siento el corazón acelerado, el pecho caliente, las ideas confusas, el miembro preparándose para un ataque que no ocurrirá. Un desperdicio de energía. Pero esta vez fue algo diferente. Me armé de fuerza y, cuando la vi en el ascensor, logré decir una frase. Esta vez sí, por fin, una pregunta heroica:
“¿A qué piso vas?”
“Al quinto….me acabo de mudar”.
Ya sé que a Gonzalo se le habría ocurrido algo mejor, más varonil. Pero eso me bastó. De hecho, me clavó la mirada. Con ternura, amor, deseo. El ascensor se detuvo en el cuarto piso. Me bajé y dije “hasta luego”. “Hasta luego”, dijo.
Le hablé. Me atreví. A la mismísima mujer más bella del mundo, a la mas divina. A la de la mirada pícara. “Al quinto…me acabo de mudar”. El momento se repitió una y otra vez en mi recuerdo. Mientras conseguía las llaves de mi apartamento. Mientras abría la puerta. Mientras entraba. Cuando entré. Y todo el resto de la noche: “al quinto…me acabo de mudar”. La mirada intensa, eso fue lo que me desconcertó. No fue mirada de “amigo”, no. Había fuego. ¿Habrá sido producto de mi imaginación? me pregunté, pero no, no pude ser. Nadie mira así sin querer decir algo. Y además ¿qué quiso decir con me acabo de mudar? ¿Que la visite? ¿Que le suba unos limones, que le pida azúcar? ¿Que simplemente le diga, hola, estoy a la orden vivo abajo, apartamento 42?
si, eso es”, pensaba, “voy arriba, le toco el timbre y le digo, hola, vivo abajo y estoy a la orden”. Y allí es donde empieza el problema, porque en vez de pensar lo que iba a hacer, empezaba a imaginarme lo que quería que ocurriera, esto es, me regodeaba pensando que me decía, “sí, que amable, pasa adelante, tómate un café….y al rato se me desnuda enfrente y me invita a un polvo. No joda, eso es lo que me pasa siempre, tengo una mente fantasiosa, no hago planes, me monto unas películas de cosas que no pasan. Pura imaginación. Nada.”
Allí di con el gran paso. “Eso es. Subo y le digo que estoy a la orden. A lo macho… porque de pronto no es la mandíbula desencajada, ni la nariz ladeada, sino ese modo de ser tan poco agresivo, tan respetuoso, tan poco viril. No tiene sentido biológico. La hembra busca la determinación del macho y yo vengo con estas mariconerías y por eso las mujeres se espantan, me salen con el <> o peor aún con el <>, especialmente las bellas, porque son las que pueden escoger y no me van a escoger a mi si ando babeado, tartamudo y demás”.
Busqué las llaves, la billetera, me puse colonia, no mucha, mi mejor camisa, pantalón recién planchado. Abrí la puerta con energía. “Ahora soy otro. A partir de hoy, duro. Determinado. Fuerte. Seguro. Macho. O cambio o me quedo célibe para siempre. O le echas bolas o no tiras nunca”. Salí. Cerré la puerta. Me volteé y miré con confianza de triunfador el pasillo que terminaba en las escaleras hacia el quinto piso. Di tres pasos y me sentía un triunfador, y justo cuando iba a subir, uff, me entró un calorón de pronto. “Verga subir así como así a la casa de la diosa, así como si nada, como se me ocurre. Y menos sudando. En fin, que subiría pero no si el cuerpo no me responde y me pongo a sudar. Y me dan palpitaciones, además. Mejor me regreso. Un pajazo y se me quita esta angustia. Eso es”. Y volví a casa.
Me fui a la ducha directo. Descargué el exceso de energía. Traté de ver la televisión y no pude concentrarme en nada. “Eres un estúpido, un güevón, un pajúo. Tienes 25 años y no has tocado mujer. Increíble. Y seguirás así. Mejor me tiro por la ventana y me mato. O me tiro a los rieles del metro. No joda. Mejor me voy a la casa de la diosa, ahora mismo. Tomé llave, billetera, colonia, todo igual que antes. Llegué hasta las escaleras”. Subí. “Y ahora me tocaba tocar el timbre”. Pensé un rato. “Toco el primero, si no es entonces el otro, y el otro, hasta que doy con el que es”.
Justo en ese momento, qué más podía esperarse, me entró otra vez el calor en el pecho, la taquicardia. El sudor. “Uff, así no se puede, mejor espero un poquito”. Me regresé a la escalera y decidí esperar a que por un milagro se abriera la puerta.
Y de pronto ocurrió. Empecé a escuchar el ruido de las llaves contra la cerradura. Me escondí un poco un poco debajo de las escaleras para ver la escena, y aparentar que subía por accidente. “Eso sería perfecto, ella sale y yo me le aparezco ocupado en otra cosa pero la veo y aparento sorpresa, sorpresa agradable claro, y le digo hola, otra vez, que casualidad, por cierto vivo debajo de ti y estoy a la orden. Si necesitas algo me dices. Coño, otra vez el calor, el pecho, la taquicardia. Me voy a morir de un infarto, no joda y todavía sin tirar. Nada. La cerradura se desbloqueó. Abrió la puerta, y escuché el rechinar de las bisagras. Se cerró. La taquicardia iba a ritmo de infarto pero sin infarto porque era muy joven para eso y total que miré bien. No era ella. Era otro vecino. “Nada. Esperaré más.”
Esperé casi una hora. Pensé de todo y de pronto escuché el ruido inconfundible que hace nuestro ascensor cuando se detiene. “a lo mejor es ella, quien sabe, a lo mejor salió a comprar frutas y vuelve y ahora va a su casa, justo ahora. Yo aparento que vengo subiendo por casualidad y digo hola, que tal, otra vez nos cruzamos, que casualidad. Y ella me invita, y entro a su casa”. Más taquicardia y calorón. Se abrió el ascensor”. No era ella.
Seguí esperando en las escaleras. “Ya la veré. No puede ser a la primera. Todos los amores tienen sus historias, y a lo mejor la que me toca es esta”. Pensaba, es decir, fantaseaba cosas, porque eso es lo que me pasa, que en vez de pensar cosas, fantaseo, y las fantasías sustituyen a la realidad y entonces no me encargo de cambiar la realidad porque no me siento terriblemente frustrado al imaginarme la realidad distinta. “Pero las cosas no pueden seguir siendo así, tengo ya 25 años y no he tocado mujer alguna y es verdad que las fantasías están disponibles siempre, pero quiero una mujer real, que me quiera de verdad, que pueda hacer de todo con ella y sobre todo, que me pida que le haga de todo”.
Al despertarme al día siguiente decidí que el acecho iba con todos los hierros. Compré galletas de soda, leche de larga duración, unas botellas de agua y puse todo en el pasillo ya que no podía perder tiempo entrando en la casa para buscar comida. Esos minutos eran valiosísimos. Además decidí no preocuparme si los vecinos me veían allí, con un montón de bolsas. Pero igual consideré conveniente que no me notaran acampado para que no me preguntaran. “No vaya a ser que justo en ese momento aparezca ella y algún inoportuno me pregunte si me he mudado al pasillo o a las escaleras”. Del resto, todo igual con los vecinos, los calorones y las taquicardias. Y ella nada. Así son las diosas, pensaba, justo voy al baño y ella se va….o viene.
El jueves decidí que no iría al baño. Bueno, la necesidad fisiológica no se puede evitar pero ir al baño es otra cosa. Así que tenía varias botellas de gaseosas donde podía rápidamente orinar y luego echar por el bajante de la basura. “Caben cinco litros de meado. Perfecto”. Pensé que había ganado un tiempo valiosísimo en guardia. Y la diosa no aparecía.
El lunes por la mañana llamé a la oficina. “Tengo una infección gravísima, les llevo el parte médico: Me dieron reposo de una semana”. Me creyeron así que la semana siguiente se repitió, al menos de lunes a sábado. Al domingo siguiente todo cambió. Bajé a comprar jamón, queso y pan, mi nueva dieta de comida rápida que me permitía seguir con mi acecho. Al entrar al edificio noté que ella venía. Caminaba desenvuelta, contoneándose. Miraba hacia los lados sin detener su atención por nada. Dos semanas de cacería y ella se aparece por accidente, y así. Mejor, pensé. Me hice el que buscaba las llaves para darle tiempo a que llegara. Y al llegar, no conseguí las llaves, ni las palabras. Ella simplemente abrió la puerta y entró. La seguí hasta el ascensor donde entró ella también y rápidamente le dije:
Al quinto piso ¿verdad?”
Sí. ¿Cómo lo sabes?
Me contaste hace dos semanas que te acababas de mudar…”
Ahh si…es verdad. Pero no estuve en casa estas dos semanas. Qué divino”.
Divino… ¿Y por qué? le pregunté.
Mi luna de miel” me dijo.
Me pareció injusto. Ella me miró y dijo: no hay nada que hacer: está escrito. A mí esos comentarios esotéricos me parecen tontos, pero le seguí el juego y me explicó: todo lo que hacemos está escrito en un cuento que escribió Fabrizio. El está chiflado y quiso que el cuento termine así. No hay nada que hacer.
Entró a su casa y me quedé afuera pensando que si ella tenía razón entonces lo único que tenía que hacer era seguir esperando en el pasillo. A lo mejor la historia tiene otro final. El tal Fabrizio podría estar chiflado, pero a lo mejor se apiadaba de mí.
Esperé y esperé y nada. Quise tocarle la puerta e invitarla a escaparse de esta historia, decirle que si no salía de su apartamento desaparecería de allí, sin ni siquiera morirse. Pero no pude. Algo superior me lo impidió.

Friday, 24 April 2009

La barriga (cuento)

Esa mañana fue la primera vez que noté que mi barriga había crecido. Siempre me he visto a mi mismo como un tipo delgado hasta que, de pronto, al levantarme, noté una barriga y sentí que era un objeto extraño, distinto de mí: la barriga. Fastidiado, al salir un poco de mi asombro, pensé que ciertamente tenía que hacer un poco de ejercicio y olvidar la mantequilla y los chocolates. “Cómo me ha podido crecer esta cosa de pronto, no sé”. Me miré al espejo y sentí cierta repulsión. Ni remota idea del problema verdadero.

La magnitud del lío lo empecé a notar al ponerme los pantalones y la camisa. El día anterior había usado el mismo pantalón, y ahora no me lo podía abotonar. Y la camisa me la había puesto la semana pasada, y estaba bien. “Raro”. Tuve que salir con la camisa más grande que tenía, desabotonada, y con el pantalón sujetado con el cinturón. Antes de ir a mi oficina, tuve que comprar ropa nueva. Al llegar al trabajo tuve que soportar lo que mi hermana llama los típicos chistes enlatados de la gente sin creatividad: “se te nota la buena vida eh….”y cosas por el estilo. Me parecía muy raro que todo el mundo notara mi barriga nueva de pronto. Pero ante esta dificultad no me quedó más remedio que hacer lo que hago frente a las dificultades. Mi lema era “reflexionar, y luego actuar firme”.

Bueno, eso fue hasta que apareció la barriga. Y en efecto empecé bien, pues al llegar a casa traté de recordar un texto de psicología evolutiva que leí en una de las asignaturas electivas en la Universidad. Recuerdo haber leído algo allí sobre el proceso de envejecimiento y la aceptación del mismo, según los niveles de éxito personal, pero no recordaba para nada de cambios repentinos de los que uno se daba cuenta de un momento para otro. Traté de no seguir pensando en lo repentino del cambio, ni en su volumen antiestético. Esto se resuelve con gimnasio y ya, me repetí.

A la mañana siguiente la barriga era muchísimo más grande. Gigante. Al levantarme no podía ni siquiera ver mis pies... Llamé al médico y pedí cita. Urgente. “ ¿Por qué es urgente?” “Un problema en la barriga.

Y le duele mucho”, me preguntó.

No, es que me ha crecido rapidísimo, de un modo anormal, esto es una locura…” E iba a seguir justificando mi hipocondría cuando el médico me cortó tajantemente: “la semana que viene

En ese momento se reventaron los botones de una de la camisa nueva y salieron disparados contra la pared. Todavía estaba al teléfono hablando con el doctor cuando noté que a la barriga le estaban saliendo unos dientes, se le estaban formando unos labios y se le estaba abriendo un hueco, como si fuera una boca. “doctor, me estoy volviendo loco. Veo una boca en la barriga”.

Venga mañana a las diez”.

Reflexionar y actuar. No era fácil porque nunca antes me había sentido loco. Me senté en el sofá para reflexionar acerca de mi nuevo estadio de enajenación y no podía dejar de sorprenderme al ver el tamaño gigante de la barriga y, sobre todo, la especie de boca que se estaba formando. Me parecía curioso que estando loco pudiera observar objetivamente mi alucinación y pudiera reflexionar racionalmente acerca de mi estado de locura. “Esto es una locura temporal y específica”, pensé. “Todo sigue normal alrededor mío, no hay nada raro en el ambiente, seis por seis son treinta y seis, puedo calcular, puedo conversar con el médico y reportarle mi locura. Debo haber comido algo podridísimo, estoy intoxicado. Será que llamo a una ambulancia? No. Si después me internan me dejan allí… Mejor voy a comprar una ropa nueva, porque esta se rompió y algo hay de cierto en esto”. Pensé que en la calle, bajo la presión social, recobraría el juicio. Eso es, la interacción social me va a obligar a recobrar el juicio. Me arreglé como pude la ropa y salí por ropa nueva.

Vivía en Chacao, en pleno casco urbano de Caracas y decidí caminar hacia la tienda. En plena acera, de pronto oí una voz ronca que me llamaba. Volteé y nada. Me llamó otra vez. Nada. Finalmente escuché que era la barriga que me decía: “es contigo estúpido”.

“Verga. Esto es lo que me faltaba”, pensé. “Ahora sí es verdad que estoy loco de a bola”. La barriga seguía llamándome y yo decidí no hacerle caso, lo cual, por supuesto, es la política más racional si oyes que la barriga te habla.

Hazme caso de una vez, o atente a las consecuencias”, me decía. Yo trataba de mantener la calma pensando que algo me había desatado una especie de crisis esquizofrénica y sé perfectamente bien que hay gente con ese tipo de males que escucha voces y me imaginé que eso era lo que me pasaba, así que dejé que la barriga hablara sola.

Esquizofrénica ella”, me dije. Sin embargo la gente se daba cuenta que mi barriga parecía hablar y reaccionaba volteándose a verme, mirándome, riéndose. “Raro”.

Y aquí empezó la peor parte. Entré por fin a la tienda de ropa y al ver a la vendedora, me le acerqué corriendo. La barriga también vio a la empleada, y le dijo: “Este señor quiere una camisa nueva para que yo no pueda ver. Me ha venido coartando mi derecho de expresión todo el camino. Yo demando mi derecho a ser libre y ahora, mi derecho a ver, así que, por favor, tenga la amabilidad y no le dé la camisa que le va a pedir. No me pueden negar mi derecho de observar el mundo”. Traté de conservar la calma ante una situación tan insólita y al reflexionar pensé que el discurso estaba demasiado bien hilvanado como para provenir de una barriga sin cerebro. En fin, como el único con cerebro soy yo, ese discurso no podía ser real, sino producto de mi imaginación. Tenía frente a mí, pensé yo, una prueba evidente de mi locura.

Y aquí viene lo bueno. ¡La vendedora empezó a hablar con mi barriga! En efecto, cuando la barriga terminó su discurso acerca de sus derechos, la vendedora me dijo: “disculpe señor, no quiero ofenderlo, pero tiene Usted un sentido del humor muy raro y no entiendo”.

Que no es él quien habla”, le dijo la barriga.

La empleada estaba visiblemente confundida, notando que la voz venía, efectivamente de abajo.Pero no estaba más aturdida que yo, por supuesto, ya que en ese momento empezaba a pensar que la barriga tenía que tener vida y consciencia propia, de lo contrario no podría hablar con la empleada. O a lo mejor estaba yo volviéndome loco de una manera inentendible y más allá de mi capacidad de controlar mis alucinaciones. Decidí que era demasiado complicado entender mi locura y mejor interactuaba con la empleada del modo más natural posible.

Señorita. Sufro de una enfermedad muy rara. Por favor no le haga caso a mi barriga que está loca. Por favor tráigame unas camisas grandes que me tapen la barriga bien, y unas camisetas negras. Bien negras”.

“¡Negras no!” Dijo la barriga.

No se preocupe, dijo la empleada, que yo hago lo que diga la boca de arriba.”

¿”Cómo podría la empleada saber que la barriga tiene una boca?” Ella dijo claramente, “le hago caso a la boca de arriba”. Yo no le había dicho nada de la otra boca, y si se lo dije, yo no soy tan inteligente como para montar un discurso que no oigo ni pienso pero que termina generando una interacción social con sentido y me confunde. En fin, pensé, “ una locura más inteligente que yo no puede existir, porque el cerebro es el mio, ergo la barriga existe y piensa”. Mi lógica cartesiana era irrefutable: “la barriga me jode luego piensa; piensa luego existe”. Bueno, Descartes no lo habría hecho así, lo habría hecho más sofisticado, pero así, en un apuro, comprando la camisa, hubiera llegado a conclusiones filosóficas parecidas a las mías. “Joder. A lo mejor no. La empleada dijo boca de arriba. No más. A lo mejor la voz era mía y yo la proyectaba ventrílocuamente de una manera que desconozco”. Que lío.

Salí tan pronto como pude de la tienda. Caminé a lo largo de la avenida Francisco de Miranda, en plena Caracas, meditando sobre cómo aplicar los principios del positivismo lógico para falsar hipótesis de la existencia de una barriga con consciencia independiente. No es posible. Nada me puede prevenir contra mi observación sesgada de los datos. No puedo demostrar mi cordura. Mientras yo hacía reflexiones epistemológicas, la barriga decía: “eres un abusador”…como se te ocurre comprar una camiseta negra. Desconsiderado. ¡ Sádico !”. Unos transeúntes me miraban y se reían. Otros apuraban el paso y me evitaban. Los niños les decían a sus madres que me vieran y las madres trataban disimuladamente de evitar que me diera cuenta que los niños me veían. Y yo seguía caminando. Y la barriga protestando.

De pronto vi una pelota de tenis en el suelo y pensé que esta era la solución para callarla. Por primera vez le hablé a la barriga: “Ahora si te voy a joder yo a ti”. Levanté la camiseta y la barriga me dijo: “como me metas la pelota en la boca, te muerdo y te destrozo el hígado”. “¡Coño! Mejor no arriesgarse”, pensé. Y después de un ardua negociación terminamos acordando un pacto de no agresión física. Ni te pongo pelotas en la boca, ni tú me muerdes. Trato hecho.

Obviamente la barriga no podía tener el mismo nivel de experiencia política que yo y traté de convertir el trato de no agresión en un programa de coexistencia pacífica. Había llegado a la plaza Altamira. El resto del país estaba pendiente de las protestas de los militares contra Chavez mientras yo, completamente ajeno a los líos del país, decidí razonar con la barriga y me senté.

Ok”, le dije. “Veamos qué quieres…

Sin titubear, la barriga me dijo: “El poder. Poder sobre las decisiones. Hasta ahora tú has gobernado el cuerpo. Pero este cuerpo no te pertenece. Soy yo, la barriga, la que lo alimenta. Las condiciones materiales de existencia del cuerpo no existirían si yo no procesara toda comida que tragas”.

Me armé de fuerza y le respondí: “No me salgas con ese marxismo barato, barriga, mira que esto es un cuerpo …Es que no puedo ceder el poder de decisión. Tengo que ir a trabajar, no es tan sencillo”.

La barrigas, se sabe, son tercas. Y la mía no se iba a rendir fácilmente, así que me respondió: “Tu no haces nada. Los que trabajamos somos nosotros, tus órganos. Yo la barriga, los represento a todos como vanguardia consciente. Y nos hemos puesto de acuerdo en que eres superfluo. Te vamos a eliminar.

“Mi cuerpo no se puede sublevar contra mí. ¿ Qué soy yo?”

“Nada. No existes. Eres un producto social irrelevante e innecesario. Otras barrigas nos hemos reunido y hemos acordado la dictadura revolucionaria del barrigariado que es una fase de transición hacia una forma de democracia superior”.

La conversación siguió un buen rato y me di cuenta que la gente iba depositando dinero. En fin, los transeúntes de la plaza Altamira pensaban que había montado un show político mientras hablaba con la barriga, y me pagaban. El público era muy propenso a reírse cada vez que la barriga hablaba de los derechos del barrigariado. Y al final de mi conversación política había reunido muchísmo dinero.

Pensé que quizás podría ganarme la vida discutiendo con la barriga. Al fin y al cabo no iba a poder trabajar en un trabajo de oficina nunca más, pues nadie me aceptaría con ese escándalo. Así que me fui a casa tranquilo, a dormir, aunque a barriga protestara.

A la mañana siguiente me desperté ante las airadas protestas de la barriga que estaba aburrida. Nada más y nada menos. Vi que todavía estaba a tiempo para desayunar en calma e ir al médico, pero cuando fui a la cocina noté que a la barriga le salieron manos. Luego pies. Llamé al médico y me dijo que era normal pues a la gente de cuarenta años a veces le da esta crisis, demencia abdominalis, pero después se estabiliza el tamaño de la barriga y la persona cambia de personalidad, convirtiéndose en muy práctica. Es un síndrome que la ciencia no ha logrado entender bien.

Confirmé que iría a las diez y al colgar el teléfono noté que a la barriga le salía una especie de espalda. Poco a poco me fui encogiendo y me volví en la barriga. Desde entonces soy la barriga de mi barriga, que se convirtió en un cuerpo. No sé que hace la barriga con el cuerpo, porque no me entero de nada. No tengo ojos, ni boca para protestar. Logré escuchar al médico que le decía la barriga convertida en cuerpo que ya me había dicho que todo volvería a ser normal.

Yo traté de organizar una especie de contrarrevolución e intenté comunicarme con los riñones y a los pulmones para revertir la situación pero no me hicieron caso. El hígado entonces me respondió: es que todos los políticos son iguales.

Friday, 10 April 2009

Conversación con el Demonio (cuento)

Al despertarme, lo primero que noté es que Satanás ya no estaba. Miré bien, y nada.

De niño la idea del demonio me resultaba aterradora. Pero con la edad uno cambia, y hasta da vergüenza que un día a uno le dieran miedo esas cosas. Yo por lo menos me hice ateo y siempre estuve convencido del carácter social y alucinógeno de este tipo de apariciones.

Pero lo de anoche fue distinto….

Antes de contar eso debo decir que mi abuela se estremecía solo al nombrarlo y la vecina decía que no había que nombrarlo ni siquiera. Mi abuela, italiana, decía “il diavolo” y ponía voz ronca. A mí me entraba un escalofrío que me subía desde la columna hasta el cuello. Y oía.

Anoche supe cómo era…

Entre los cuentos de mi abuela y quién sabe cuál película, me aterraba la idea que me robara el alma para llevarla al suplicio eterno. Había algo que me daba más miedo que la muerte o la tortura eterna. Era la idea de no gobernar mis ideas, de estar poseído.

Pero lo de anoche iba más allá. No fue ficción bíblica. Era el demonio, tal cual. Y después de lo de anoche me quedó claro lo que ya sospechaba, esto es, que el demonio se le aparece a cada quien de la forma más personalizada, a la medida. Para algunos será una experiencia terrible, terrorífica. Y aunque esto está escrito en un blog, en internet, tengo que aclarar que esto no es para todos. Y tengo que contarlo poco a poco, sin seguir con estos merodeos misteriosos que ya esto se está pareciendo un texto de los evangélicos.

Una aclaratoria. De niño también le tenía terror a Dios. “Es muy bueno”, me decía mi abuela.

Mi abuela tenía una biblia para niños, con dibujos fantásticos. Y cuando me contó la historia de Abraham, yo no lograba entender cómo podría ser bueno un Dios así.Recuerdo los dibujos coloridos y vivaces de esa biblia para niños en la escena en la que Dios le pidió a Abraham que matara a su hijo para mostrar su amor a Dios por encima de todas las cosas. Y recuerdo esta conversación:

Abuela, ¿no te parece cruel matar al hijo?

No tenía que matarlo, solo mostrar intención de obediencia.

Abuela, pero la intención de matar muestra crueldad.

Hijo, claro, pero tenía que demostrar obediencia.

En este punto, tenía miedo de mi abuela. ¿Qué tal si se le ocurría que Dios le decía que me matara? Un ser misterioso dominaba su alma y era capaz de cualquier cosa. ¿Qué tal si el demonio se le disfrazaba de Dios?

"Dios no permitiría eso, hijo". Y le dije: "Pero permite cosas mucho peores, como el terremoto".

"Hijo, permite el terremoto porque es hora de que algunos vayan al cielo. Pero no permite que el diablo se disfrace de Dios. Eso no".

Y allí estaba equivocada mi abuela. Muy equivocada. Se viste de Dios, de virgen, de santo, de arcángel. Dicta libros sagrados. Inspira. Anoche esas cosas quedaron más claras.

Recuerdo que le dije….

Abuela, sí, pero si yo sé que Dios es bueno y me pidiera que te matara, yo sabría que Dios no pretende eso. Y sería tonto que aparentara obediencia para engañar a Dios. Además sería una falta de respeto que me creyera que Dios fuera tan malo. O sea que Abraham era tonto. Dios es enrevesado.

Hijo, tal cual. Pero mejor no pensar en esas cosas. Lo más sencillo es ser bueno y portarse bien. Ayudar a tu mamá, estudiar mucho y no molestar a tu hermanito. Y nada de tirarle piedras a los pajaritos.

Pero abuela, si es mejor no pensar en eso…entonces ¿para qué está escrito? No podía Dios escribir un poco más claro o al menos hacernos suficientemente listos para entenderlo?

Esa fue la conversación con mi abuela, muchos años atrás. Más o menos, claro. Tampoco me puedo acordar de los detalles. Pero ese era el sentido, estoy seguro. Y la idea quedó allí. Presente.

Y el demonio lo sabía. Y después de muchos años de ateísmo, anoche retomé, de algún modo, esa conversación. Pero no con mi abuela. Ella se murió hace años y ahora soy yo el que me estoy muriendo. Anoche debió ser la última. El hígado ya lo tengo reventado. Me faltaba la respiración. Estaba moribundo, me tomé las benditas medicinas, todas, me acosté y allí fue que apareció el demonio. Estaba sentado allí, como si nada, en una silla cerca de mi cama. Cabizbajo.

Me preguntó: "¿y entonces te vienes?"

¿A dónde? ¿ quién eres? le pregunté.

Conmigo, soy el demonio. Se te acabó el tiempo en la tierra. Tienes derecho de hacerme una pregunta, una sola, para decidir si te vienes a padecer conmigo o te vas a la vida eterna a disfrutar de la paz obedeciendo a Dios.

Yo estaba confuso. Ante todo la tranquilidad de funcionario del demonio. Nada de cuernos, colmillos o expresiones horripilantes. Normal. Como un funcionario de aduana. Ver al diablo no podía ser así, tan normal, como conseguirse a un enfermero en un hospital. Pero bueno, lo sorprendente no era la forma, al fin y al cabo todos sabemos que la forma es variada y tiene muchas caras. Lo raro era el comportamiento, el estilo.

Más extraño aún es que me ofreciera las opciones. Un demonio liberal. Debo admitir que las opciones eran confusas: Paz eterna parece muy aburrido, pero dijo “disfrutar”; y padecer es equívoco: si el padecer es inconstante entonces hay disfrute y posibilidad de alegría. Yo padezco mucho en esta vida pero la disfruto y, por otra parte, una vida eterna de obediencia suena a una vida eterna de esclavitud…..Pero es el demonio, así que ¿cómo creerle?

Yo trataba de poner un poco de orden a las ideas. El momento era para mí muy intenso. El demonio levantó un poco la cabeza, y bostezando me dijo: "No eres de los que gritan y se persignan, son muy pocos como tú. Pero igual conozco a los de tu clase y me los conozco bien así que pregunta bien y no te tardes".

Yo estaba tranquilo, a pesar de todo. Me di claramente cuenta que el demonio me daba una opción y no se apoderaba de mi, y de mis pensamientos, como en mis temores infantiles. En fin, me di cuenta que el demonio no es tan poderoso. Y, si es poderoso, por algún motivo no ejercía su poder. Había algo que me hacía fuerte, inconquistable. Quizás la confianza en mi juicio, y este era mío, no suyo. De lo contrario ya estuviese perdido; él hubiese decidido por mí.

Después vi que las cosas no eran tan simples, pero eso vino después. En aquel momento pensé: soy dueño de mis pensamientos y yo siempre me he inclinado por hacer el bien. Así que la batalla comenzaba. Y el demonio no podría ser una peor compañía, pero me intrigaba el hecho de que fuera él, y no Dios, quien me diera la opción sobre el estilo de vida después de la vida. Me planteé la cuestión pero pensé que esa no podía ser la mejor pregunta que le podía hacer al demonio.

"No, no es la mejor", me dijo.

Uff. Me lee los pensamientos,pensé. Pero también me di cuenta que me respondió una pregunta que no le hice pero que me planteé. Así que la situación es grave, pero no desesperada, pensé. Me lee los pensamientos, pero no los controla. En fin, que estoy desnudo, pero no desarmado. Por otra parte me responde preguntas que no le hago, con lo cual puedo acceder a más información de la que podría, solo pensando en una pregunta.

"No te creas tan listo", me dijo.

Coño. Es difícil discutir con alguien que te lee los pensamientos. Pero ese comentario también me demostraba que no estaba mal la cosa para mí. Me lee los pensamientos y solo me dice que no me crea tan listo para desanimarme pero con pensar bien tengo. Que se entere de todo, qué mas dá. Lo que no puedo es engañarlo. Pero soy libre.

"Sí, eres libre", me dijo Satán. Cruzó las piernas, se volteó, miró por la ventana y dijo otra vez. "Eres libre pero no tan justo como crees".

A qué te refieres? Quise preguntarle, pero sabía que pensar la pregunta era suficiente para obtener una respuesta. Y en efecto me dijo:

Me refiero a que yo respeto la libertad. Es Dios el que es un autócrata. Se pone furioso cuando no lo adoran y veneran. Es como ustedes los humanos. Os pica una hormiga y matáis el hormiguero completo. Yo en cambio respeto la libertad de elegir por él, y además no soy tan injusto. Bueno, en estos últimos siglos se ha puesto más tranquilo, tolerante. Dios ha madurado.

Me resultaba difícil debatir eso. Por otro lado estaba confundido por esa actitud tan superior del demonio. Allí seguía, sentado en el sillón, con las piernas cruzadas, analizando a Dios como un psicólogo analizaría a un paciente cualquiera. Hasta osaba opinar sobre cómo Dios había madurado, Solo le faltaba un cigarrillo, y echar humo por la ventana.

"No fumo", me dijo. Y se rascó la cabeza mirando hacia arriba, con la expresión que tienen los devotos cuando rezan.

Me inquietaba que me respondiera a esta inquietud tan trivial. Preferí interrogarme a qué se refería con eso de que Dios ha madurado y recordé el visible cambio de ánimo entre el Dios del viejo testamento y el del nuevo, más amigable, con la figura de Cristo, más humana, invitándonos a amarnos los unos a los otros. Sí, yo también había notado una mayor madurez en el Dios del Evangelio comparado con el del viejo testamento. La pregunta, en fin, es sin duda interesante, pero considerando las circunstancias del caso, no me pareció oportuno hacerla.

Sí, Dios ha madurado. Las historias bíblicas son lo de menos,me dijo el demonio. He disfrutado un montón apareciéndomele al Papa, por ejemplo. Y lo tengo muy confundido. No me cuesta nada confundir a este Papa, ni al anterior. Son un par de idiotas. También aparezco como el arcángel Gabriel. Es divertido.

Sus respuestas continuaban mis propios pensamientos. No era fácil la situación. No me sentía poseído pero me intrigaba mucho algo muy curioso: a mi no me engañaba, y aparecía como lo que era. El demonio. "No te puedo engañar. No a ti, no puedo. No eres como la mayoría de los humanos, que al llegar a este punto y me ven, creyendo que soy Dios, me siguen. Todo ocurre porque Dios pretende adoración y es terriblemente celoso. Dios es un enfermo. Yo, en cambio dejo que me sigan creyéndome Dios, solo para burlarme de su abyección. Pero solo busco espíritus libres".

El demonio no puede ser tonto, y la frase anterior lo prueba. Traté de defenderme, argumentándome a mí mismo. Oye, tú me estás engañando, está claro. Es cierto que Dios pretende adoración absoluta, y eso me resulta una petición bastante rara, casi que un capricho de un sátrapa del desierto. Nunca entendí ese capricho de Dios y por eso me hice ateo. Pero ahora la situación cambia. Tu existes, ergo Dios. Y entonces vienes y apareces como el hombre maduro, que acepta las críticas y las diferencias y dejas a Dios como un histérico dictadorzuelo criado bajo el sol inclemente del desierto. Pero Dios tiene otros mandamientos, más comprensibles y sanos. Como el no matar.

No te engañes, me dijo. Dios inventó la muerte. Y Dios inventó la vida eterna para aquellos que le entregan el alma y pierden su condición humana de distinguir el bien del mal. Yo existo desde el inicio de los tiempos y perdí el control y por eso fui yo el que os di de comer del árbol de la sabiduría. Yo los hice humanos con capacidad de amar y odiar. En realidad yo soy Dios. Y se hizo Dios.

Me di cuenta que no era posible distinguir Dios del Demonio. Pero también me di cuenta que no me interesa saber quién es quién. Lo mejor parecía ser seguir la máxima de mi abuela, y hacer el bien.

Fue allí cuando le hice la pregunta:

Existes?

No te voy a responder, me dijo. Ya lo sabes.

No sé bien qué pasó luego. Miré hacia la mesita de noche y recordé que me tomé un montón de jarabe con codeína para dormir en paz y después me tenía que tomar los analgésicos. Se me olvidaron los analgésicos así que me desperté.

El cáncer sigue allí y me va a matar. Ya casi no puedo respirar. Tengo que tomarme todas esas pastillas para terminar todo de una vez. Lástima que al morirme no tenga sueños eróticos en lugar de discusiones con el demonio. Quizásla próxima vez deba tomar un poco de viagra y vitamina E.

Dormí otro poco.

Me desperté, miré por todos lados y Satanás no estaba. Sin embargo la silla donde lo había visto estaba quemada. Me acerqué y había una frase escrita en el respaldar. Existo y estoy presente. Existo en aquellos que se leyeron esta historia. Tú que lees esto, lo sabes.

Monday, 23 March 2009

El paquete de Chavez



Yo me había hecho el propósito de no usar este blog para hacer comentarios de la coyuntura política venezolana. Pero el reciente anuncio del paquete de medidas económicas del gobierno de Venezuela no son un simple problema de coyuntura. Creo que esta es la vez que se inicia la transición hacia la dictadura, ya que las condiciones económicas de la ingobernabilidad están dadas, y están en el tapete.

Chávez dice que la crisis del sistema capitalista no ha tocado a la revolución ni un pelo, pero las medidas económicas que nos anuncia no son precisamente las que se tomarían en una peluquería. Ayer anunció una receta revolucionaria donde queda claro que el hombre sabe en qué lío está metido. Lástima que no sepa cómo salir de él.

Se reformula el presupuesto asumiendo ingresos petroleros con una cesta petrolera a 40 USD por barril. Aquí radica el primer problema. Al momento de redactar esta nota, la cesta petrolera venezolana no parece respaldar el optimismo del gobierno. El gráfico de arriba refleja una serie histórica de los precios de la cesta petrolera de la OPEP. La fuente es el website de la OPEP. Como se ve, a partir del inicio de la crisis financiera el costo de la canasta petrolera se ha desplomado y sería muy ingenuo pensar que en una recesión económica los precios se recuperen.

Con respecto a la cesta de la OPEP hay que añadir que el petróleo venezolano es de baja calidad, son crudos extrapesados, con lo cual el valor de la cesta que vende Venezuela es mucho más baja. Ni siquiera los expertos son creíbles en estas cosas, pero digamos que la cesta venezolana se pone a 30$ por barril. En este caso los ingresos están sobreestimados en un 25%. Primer error.

Efectos del primer error son evidentes. El gobierno no tendrá un bolívar de cada cuatro de los que espera recibir del petróleo, casi nada. Si analizamos las expectativas de la ley de presupuesto del 2009 vemos que los ingresos petroleros estaban estimados en 77.907.252.190 mientras que los ingresos no petroleros del estado venezolano estaban estimados en 77.237.780.278. ( Fuente: OCEPRE http://www.ocepre.gov.ve/ ) Según esta fuente (que asumo actualizada pero no se puede saber porque el documento está en internet sin fecha) los ingresos petroleros representan poco más de la mitad de los ingresos del Estado. Así que la sobreestimación de los ingresos petroleros implicaría un déficit de un 12,5%.

La segunda medida del gobierno en materia presupuestaria es asumir que la producción petrolera estaría alrededor de los 3 millones 170 mil barriles diarios de petróleo. Aquí el pelón parece más macabro. En el reporte de la OPEP de Marzo 2009 (véase http://www.opec.org/home/Monthly%20Oil%20Market%20Reports/2009/pdf/MR032009.pdf ) se puede observar que la producción petrolera venezolana es de 2 millones 144 mil barriles diarios para febrero de 2009 y, a pesar del pajarobrabismo oficial, la cifra parece estable. Redondeando, este error de cálculo implica otro 30% de los ingresos petroleros, lo cual implicaría que en conjunto los ingresos fiscales totales serían deficitarios en un 27,5%.

A este descalabro financiero el gobierno piensa responder con una reducción del 6,7% del gasto público. Insuficiente porque 27,5–6,7=0 solo en finanzas revolucionarias, pero para comparle pollos y tomates a Brasil harán falta finanzas burguesas, aunque duela.

De todos modos, es muy curiosa la manera como el gobierno piensa reducir el gasto público en un 6,7%. La primera propuesta es una “estricta” ejecución del gasto. A uno le queda por preguntarse si antes el gasto se ejecutaba de un modo relajado y el gobierno ahora reconoce un estilo generalizado de malversación de fondos. Que nos digan ellos qué quieren decir. Mientras tanto le auguramos éxito, y sería reconfortante saber que la Contraloría toma nota frente a la noticia criminis.

La segunda propuesta para reducir el gasto es la eliminación del gasto suntuario. Esto sí que es realmente revolucionario. Tenemos que asumir entonces que ahora el gobierno por fin reconoce que a pesar del discurso revolucionario se daba sus gustazos suntuarios. Los entendemos: son pequeños gustazos revolucionarios porque durante la cuarta república estuvieron mamando, pero ahora se van a portar bien. Están arrepentiditos del nuevorriquismo. Bien, felicitaciones. Otra vez, les auguramos éxito, pero también nos gustaría saber que la contraloría actúe frente a la confesión del delito.

c.- Ajuste de la nómina de los “niveles superiores” del personal contratado en el gobierno. Una bajadita de suelto a los niveles superiores no nos viene mal a todos, ya que uno se pregunta si esos sueldos se corresponden a la productividad de los funcionarios.

Yo no tengo manera de sabe si estas tres medidas permiten bajar el presupuesto de gastos en un 6,7%, pero digamos que sí, dándole el beneficio de la duda. Queda saber de dónde va a sacar el gobierno el resto del dinero que necesita.

La medida más importante es subir el IVA del 9 al 12%. Esta propuesta es financieramente efectiva, sin duda. Pero el chavismo pegaría el grito en el cielo si fueran otros los que la toman. Porque el IVA es regresivo si lo cobra uno pero progresivo si lo cobra otro. Pero veamos las cifras.

En la Ley de presupuesto los ingresos provenientes del IVA son aproximadamente 35 mil millones de bolívares. ( OCEPRE http://www.ocepre.gov.ve/ ). Con el aumento del IVA tendrían 46.500 millones de bolívares. Es decir, 11.500 millones extra, esto es, un 7,4% de ingresos extras. Muy lejos de resolver el problema todavía.

Todavía queda más de un 13% de déficit. Para esto el gobierno se plantea centralizar las tesorerías corporativas públicas. Esto es, terminar de quebrar las empresas públicas que queden sanas. Como no son muchas, no será mucho, pero no tengo la información disponible.

La otra medida es estatizar el Banco de Venezuela. Eso implicaría un gasto así que no recorta el déficit fiscal sino que lo aumenta. Pero nuestro inefable presidente nombra la medida como parte de un paquete de ajuste para gastar menos. Es curioso. Es impredecible la cifra, pero se habla de $ 1200 millones, que para decirlo de modo gráfico, son 20 días de ingresos petroleros. Ese es un gastico que no está claro que el gobierno se pueda permitir en este momento...Otra solución, expropiar el banco, pero no parece aconsejable pelearse con los bancos cuando el gobierno va a tener que pedir prestado. Digamos que el gobierno se da cuenta que no anda la cosa para bravuconadas. Ya Chávez habrá notado lo dificil que es superar una crisis bancaria, no porque recuerde la de Caldera, sino porque ve a su colega Obama tratando de superar la crisis.

También el gobierno habla de que se priorizarán los proyectos gubernamentales. Priorizar significa que hay cosas que no se harán. No sabemos si esto forma parte del 6,75 de reducción del gasto del que se hablaba arriba o simplemente se cortan proyectos completos. Sería interesante saber cuáles. Ya sabemos que Chávez no le cortará dinero al ejército porque somos latinoamericanos y tenemos que tener a los gorilas contentos. El gasto militar ha ido aumentando estrepitosamente y no creo que se reduzca significativamente. Lo más probable es que se afecten programas de los gobiernos locales y se afecte al situado constitucional si es que todavía existe.

Otra posibilidad es que se deje de gastar en los programas populistas del gobierno, lo cual obviamente afectará significativamente su popularidad porque pondrá en evidencia que las políticas sociales de Chávez nunca fueron otra cosa que dádivas y no cambios estructurales. De cuánto se pueden cortar los proyectos gubernamentales no se sabe. Sería increíble que fueran proyectos educativos o de salud. Probablemente sean las misiones que se vienen abajo. El efecto político en cuanto a la credibilidad del gobierno en los sectores populares si hiciera algo así sería extraordinario. Me resulta difícil de creer que se hará algo de esto. Quizás por eso Chávez no mencionó cifras. Pero es posible que sea esto lo que se haga....

El otro anuncio del gobierno indica que se “orientará” el uso de las divisas, con lo que pareció decir que éstas se restringirán aún más. Esto merece una explicación. El gobierno vende menos divisas oficialmente y por eso “ahorra”. Cuánto menos, no lo han dicho. Probablemente no lo saben y apliquen la política del como vaya saliendo vamos viendo. Pero el problema sigue siendo que si el gobierno vende menos, eso no significa que hagan falta menos divisas. Porque los importadores necesitan traer insumos industriales, fertilizantes, alimentos, bebidas, etc. Y a acudirán al mercado negro donde las divisas serán, obviamente, mucho más caras. Por eso, aunque la retórica sea que no hay devaluación, la realidad será que en el mercado negro el valor del bolívar se ajustará al hecho de la reducción de las exportaciones petroleras y a la creciente necesidad de importar derivada del estrangulamiento de la economía productiva nacional. El efecto previsible será, con toda probabilidad, una escalada de precios, escasez y por supuesto, aún mayor descrédito para el gobierno. Por más que se culpen a los especuladores, no queda industria nacional a la que culpar. También me cuesta creer que esta sea una opción para el gobierno. Simplemente, no puede.

Lo que sí puede hacer para cubrir ese déficit es incrementar la deuda interna. Afuera el gobierno no va a conseguir ni un dólar, eso se sabe. Así que la deuda interna pasaría de 12.000 millones (con un incremento de 22 mil millones) a 34.000 mil millones. Esta sí parece ser una medida efectiva, ya que este nivel de endeudamiento parece cerrar aproximadamente un 14% del déficit. Las cifras cuadran incluso con la producción de petróleo al nivel real. Pero se puede endeudar? Y aquí surgen varias preguntas.

La primera es ética ¿puede un gobierno endeudarse para pagar gasto corriente? Obviamente puede solo a condición que la deuda implique un proyecto de crecimiento. Segunda, quién sería tan loco como para prestarle al gobierno tanto dinero como para cubrir un gasto que no va a generar ingresos, esto es, capacidad de pago? Obviamente, la banca, si chantajeada. Y quizás por eso a Chávez se le escapó la estatización del Banco de Venezuela. En efecto, posiblemente busquen mecanismos para que la banca compre bonos chimbos y obviamente las amenazas de estatización van en ese sentido…pero la banca no se va a arriesgar a quebrar para salvarse de la estatización. No tiene sentido.

La emisión enloquecida de dinero inorgánico cuando ya hay una predecible inflación de costos puede generar una inflación de carácter monetario que quién sabe si puede terminar en hiperinflación. Un poco de asesoría de los asesores de Mugabe, nuevo modelo económico, quizás sea ilustrativa.

Quizás la única esperanza del gobierno sea vender petróleo a futuro, negocio muy difícil en un momento de recesión cuando la tendencia del petróleo es a la baja. Se me ocurre que los únicos que podrían comprar petróleo a futuro serían los chinos, a condición de algunas ganancias estratégicas en materia de producción de energía y acceso a minerales. Pero tampoco queda claro que los chinos quieran hacer malos negocios para ganancias estratégicas de dudosa continuidad después de que Chávez desaparezca, que si no pierde las elecciones nunca, por lo menos algún día se morirá.

Así que es muy probable que el gobierno traicione su “sensibilidad” socialista y se encierre en su esencia militarista. El descontento probablemente se transforme en crítica y es muy probable que las principales víctimas sean la base socialista ingenua que tiene el gobierno en los sectores populares. Ya la representación proporcional de las minorías está enterrada. La autonomía del poder judicial está desbaratada con la constitución bolivariana, el poder militar por primera vez en mi vida ya no está subordinado al poder civil, la práctica de el acoso a periodistas es costumbre. El sicariato ya ni se niega. El odio está sembrado. Y los culpables son los opositores, que ahora serán más. Esto huele cada vez más a bota militar.

Sunday, 15 March 2009

Prohibir o permitir las drogas recreativas?


Uno de los temas más controvertidos hoy en día es el referido a la prohibición o despenalización de las drogas. Dado que algunos cambios se avecinan gracias a que el presidente de EEUU es demócrata, pronto el debate se va a poner caliente. Así que de una vez adelanto mi posición, y a riesgo de parecer cincuentón, quiero empezar con mi experiencia en el tema y con una confesión: cuando se trata de consumir drogas, confieso que soy un bastante cobarde. Simplemente me dan miedo. Hasta las medicinas más convencionales me asustan y, con la excepción de las aspirinas, siempre leo el papelito de los efectos secundarios…..

Con todo y eso he tenido mi experiencia con alucinógenos. Una vez me metí una trona con una sobredosis de jarabe para la tos que tenia codeína. La codeína del jarabe, mas la codeína del analgésico, mas el dolor de muelas, hizo que empezara a ver mostritos simpaticones en la ventana de mi cuarto. Brotaban del piso de la ventana, crecían y se reían. Eran horrorosos pero simpáticos y apenas le conté a Anabel, mi esposa, se puso tensa y algo gritaba. Su voz se convertía en ondas que chocaban contra las orejas de los mostritos y hacía que las orejas le crecieran. Uno de los mostritos se hartó y decidió recoger las ondas de sus gritos, y tirarlas contra el suelo.

Qué divino ver que alguien te reclama y tú echas las ondas sonoras al suelo. Anabel me dijo que llamaría a la ambulancia y no sé como la convencí de que estaba alucinando pero estaba bien, que me dejara tranquilo.

Han pasado por lo menos dos años y todavía tengo el jarabe en la cocina. Todavía tengo el analgésico. Y no me he metido ninguna nueva trona. Sería todo legal porque todas esas medicinas alucinógenas me las recetó el médico y yo lo que hice fue tomar de mas…y combinar lo que era para la tos, mas lo que era para el dolor de cabeza más lo que era para una fractura de mi hija... La pregunta que viene a cuento dado el tema del artículo es por qué no me las tomo? Y solo puedo responder que es porque sospecho que la trona puede ser diferente, porque se me puede ir la mano, porque quien sabe qué otros efectos tiene. La legalidad de mi trona no me incita a meterme otro viaje maravilloso en el mundo de los duendes lanza ondas.

Lo contrario también ocurre y es cierto. Y el hecho que las drogas recreativas estén prohibidas y severamente penalizadas no impide a millones de usarlas. En todo el mundo se consume cocaína, heroína y tantas otras. Es aventurado comparar el uso de drogas entre países con diverso background cultural para determinar si la permisividad o prohibición tienen un impacto significativo. Pero me temo que si en Holanda se consume más drogas que en Turquía, eso probablemente se deba a que el primer país es más liberal que el segundo, y no todo quedaría explicado por el marco normativo. Más sentido tiene comparar países similares. Noruega y Suecia son países culturalmente muy similares. Uno tiene las drogas prohibidas; el otro, permitidas. La cantidad de drogadictos no es significativamente diferente. En fin, no parece haber mucha evidencia de que prohibir las drogas sirva de mucho si se quiere disminuir su consumo.

La experiencia personal también resulta evocativa. Si me vuelvo a mi adolescencia pues consumí dos drogas. Muchísimos cigarrillos y algo de marihuana. Yo no siento que la poca marihuana fuera poca solo porque estaba prohibida. Simplemente le tenía miedo. Las pocas veces que la fumé (no más de 20 veces) fue en cantidades pequeñas y normalmente para complacer alguna amiguita de la que esperaba otro tipo de gratificaciones. Y por aquellas recompensa un adolescente se lo juega todo, no importa que tan prohibido esté.

De los cigarrillos sí creo que fueron muchos porque estaban permitidos. Pero eran muchos sobre todo porque formaban parte de una adolescencia transgresora y rebelde. Para entonces no había arrancado la campaña informativa e hipocondriogénica que ha convertido a los fumadores en parias de la vida pública. Los fumadores no eran un problema de salud pública y eran los rebeldes de la clase. Y poco poco, junto con todos mis amigos fumadores, fui dejando el vicio en la medida que avanzaba la concientización antinicotínica.

Hubiese sido mejor prohibir los cigarrillos? Quizás. Pero en este momento a lo mejor estaría todavía en la cárcel y quien sabe cuántos otros vicios habría adquirido allí. Por suerte las políticas públicas no consistieron en meternos a todos los fumadores presos, sino en mostrarnos hígados, riñones y pulmones podridos, hijos llorando los padres muertos, penes inservibles, bocas malolientes y cientos de artículos sobre la vinculación entre cáncer y cigarrillos.

No sé hasta qué punto eso funcionó, pero la cantidad de fumadores parece haber disminuido significativamente en estos últimos años, aunque la cifra parezca relativamente estable en sectores adolescentes. Pareciera que la permisividad hacia las drogas acompañada con una política mediática inteligente puede hacer mucho más que la histeria moralizadora de los santurrones que han impuesto su visión mojigata en este sector.

Es hora de cambiar esta política de penalización del consumo de drogas que lleva tanto tiempo fracasando. Si fracasa, hay que cambiarla…o no? Es increíble que las autoridades en la materia estén todas de acuerdo que hasta ahora en perdido la guerra contra las drogas. Al mismo tiempo que reconocen el fracaso, quieren seguir haciendo lo mismo. Más de lo que no sirve. Me pregunto si es correcto hacer una cosa que se ha demostrado que no sirve para nada? Por qué tanta gente está de acuerdo con seguir haciendo lo que todo el mundo acepta que no sirve?

La respuesta huele a incienso. Quizás porque la gente piensa que lo malo hay que prohibirlo y no se sienta a pensar que en este caso no. Que este es un problema de salud. Tener gripe es malo, luego está prohibido tener gripe.

La despenalización del consumo, producción y comercialización de las drogas tendría otras ventajas añadidas. Ante todo, despenalizar automáticamente destrozaría el negocio de las mafias que se han convertido en la fuente de violencia más importante de nuestras sociedades. Sólo nuestros malandros, la mafia y los talibanes se benefician del comercio y producción de drogas recreativas. Si se convirtieran en negocios permitidos, se podrían comprar en el kiosko de la esquina. Las redes mafiosas perderían su sentido, como pasó en EEUU después del prohibicionismo del alchool. Así que me pregunto, ¿Hasta cuando le vamos a permitir el negocio a los mafiosos?

En segundo lugar vale la pena hasta qué punto es legítimo permitirle al Estado que decida si podemos consumir drogas o no? Si me quiero matar es asunto mío, no del Estado. Podemos discutir hasta que punto mis decisiones afectan a otros y quien asume los costos de eso. Pero en este momento, los beneficios van a la mafia y los costos van al Estado. Y el Estado gasta este dinero mal porque no logra sacar problema del ámbito de la policía y tribunales donde no sirve para nada y no logra llevar el asunto al ámbito de la salud pública. Donde tiene que estar.
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