Friday, 10 April 2009

Conversación con el Demonio (cuento)

Al despertarme, lo primero que noté es que Satanás ya no estaba. Miré bien, y nada.

De niño la idea del demonio me resultaba aterradora. Pero con la edad uno cambia, y hasta da vergüenza que un día a uno le dieran miedo esas cosas. Yo por lo menos me hice ateo y siempre estuve convencido del carácter social y alucinógeno de este tipo de apariciones.

Pero lo de anoche fue distinto….

Antes de contar eso debo decir que mi abuela se estremecía solo al nombrarlo y la vecina decía que no había que nombrarlo ni siquiera. Mi abuela, italiana, decía “il diavolo” y ponía voz ronca. A mí me entraba un escalofrío que me subía desde la columna hasta el cuello. Y oía.

Anoche supe cómo era…

Entre los cuentos de mi abuela y quién sabe cuál película, me aterraba la idea que me robara el alma para llevarla al suplicio eterno. Había algo que me daba más miedo que la muerte o la tortura eterna. Era la idea de no gobernar mis ideas, de estar poseído.

Pero lo de anoche iba más allá. No fue ficción bíblica. Era el demonio, tal cual. Y después de lo de anoche me quedó claro lo que ya sospechaba, esto es, que el demonio se le aparece a cada quien de la forma más personalizada, a la medida. Para algunos será una experiencia terrible, terrorífica. Y aunque esto está escrito en un blog, en internet, tengo que aclarar que esto no es para todos. Y tengo que contarlo poco a poco, sin seguir con estos merodeos misteriosos que ya esto se está pareciendo un texto de los evangélicos.

Una aclaratoria. De niño también le tenía terror a Dios. “Es muy bueno”, me decía mi abuela.

Mi abuela tenía una biblia para niños, con dibujos fantásticos. Y cuando me contó la historia de Abraham, yo no lograba entender cómo podría ser bueno un Dios así.Recuerdo los dibujos coloridos y vivaces de esa biblia para niños en la escena en la que Dios le pidió a Abraham que matara a su hijo para mostrar su amor a Dios por encima de todas las cosas. Y recuerdo esta conversación:

Abuela, ¿no te parece cruel matar al hijo?

No tenía que matarlo, solo mostrar intención de obediencia.

Abuela, pero la intención de matar muestra crueldad.

Hijo, claro, pero tenía que demostrar obediencia.

En este punto, tenía miedo de mi abuela. ¿Qué tal si se le ocurría que Dios le decía que me matara? Un ser misterioso dominaba su alma y era capaz de cualquier cosa. ¿Qué tal si el demonio se le disfrazaba de Dios?

"Dios no permitiría eso, hijo". Y le dije: "Pero permite cosas mucho peores, como el terremoto".

"Hijo, permite el terremoto porque es hora de que algunos vayan al cielo. Pero no permite que el diablo se disfrace de Dios. Eso no".

Y allí estaba equivocada mi abuela. Muy equivocada. Se viste de Dios, de virgen, de santo, de arcángel. Dicta libros sagrados. Inspira. Anoche esas cosas quedaron más claras.

Recuerdo que le dije….

Abuela, sí, pero si yo sé que Dios es bueno y me pidiera que te matara, yo sabría que Dios no pretende eso. Y sería tonto que aparentara obediencia para engañar a Dios. Además sería una falta de respeto que me creyera que Dios fuera tan malo. O sea que Abraham era tonto. Dios es enrevesado.

Hijo, tal cual. Pero mejor no pensar en esas cosas. Lo más sencillo es ser bueno y portarse bien. Ayudar a tu mamá, estudiar mucho y no molestar a tu hermanito. Y nada de tirarle piedras a los pajaritos.

Pero abuela, si es mejor no pensar en eso…entonces ¿para qué está escrito? No podía Dios escribir un poco más claro o al menos hacernos suficientemente listos para entenderlo?

Esa fue la conversación con mi abuela, muchos años atrás. Más o menos, claro. Tampoco me puedo acordar de los detalles. Pero ese era el sentido, estoy seguro. Y la idea quedó allí. Presente.

Y el demonio lo sabía. Y después de muchos años de ateísmo, anoche retomé, de algún modo, esa conversación. Pero no con mi abuela. Ella se murió hace años y ahora soy yo el que me estoy muriendo. Anoche debió ser la última. El hígado ya lo tengo reventado. Me faltaba la respiración. Estaba moribundo, me tomé las benditas medicinas, todas, me acosté y allí fue que apareció el demonio. Estaba sentado allí, como si nada, en una silla cerca de mi cama. Cabizbajo.

Me preguntó: "¿y entonces te vienes?"

¿A dónde? ¿ quién eres? le pregunté.

Conmigo, soy el demonio. Se te acabó el tiempo en la tierra. Tienes derecho de hacerme una pregunta, una sola, para decidir si te vienes a padecer conmigo o te vas a la vida eterna a disfrutar de la paz obedeciendo a Dios.

Yo estaba confuso. Ante todo la tranquilidad de funcionario del demonio. Nada de cuernos, colmillos o expresiones horripilantes. Normal. Como un funcionario de aduana. Ver al diablo no podía ser así, tan normal, como conseguirse a un enfermero en un hospital. Pero bueno, lo sorprendente no era la forma, al fin y al cabo todos sabemos que la forma es variada y tiene muchas caras. Lo raro era el comportamiento, el estilo.

Más extraño aún es que me ofreciera las opciones. Un demonio liberal. Debo admitir que las opciones eran confusas: Paz eterna parece muy aburrido, pero dijo “disfrutar”; y padecer es equívoco: si el padecer es inconstante entonces hay disfrute y posibilidad de alegría. Yo padezco mucho en esta vida pero la disfruto y, por otra parte, una vida eterna de obediencia suena a una vida eterna de esclavitud…..Pero es el demonio, así que ¿cómo creerle?

Yo trataba de poner un poco de orden a las ideas. El momento era para mí muy intenso. El demonio levantó un poco la cabeza, y bostezando me dijo: "No eres de los que gritan y se persignan, son muy pocos como tú. Pero igual conozco a los de tu clase y me los conozco bien así que pregunta bien y no te tardes".

Yo estaba tranquilo, a pesar de todo. Me di claramente cuenta que el demonio me daba una opción y no se apoderaba de mi, y de mis pensamientos, como en mis temores infantiles. En fin, me di cuenta que el demonio no es tan poderoso. Y, si es poderoso, por algún motivo no ejercía su poder. Había algo que me hacía fuerte, inconquistable. Quizás la confianza en mi juicio, y este era mío, no suyo. De lo contrario ya estuviese perdido; él hubiese decidido por mí.

Después vi que las cosas no eran tan simples, pero eso vino después. En aquel momento pensé: soy dueño de mis pensamientos y yo siempre me he inclinado por hacer el bien. Así que la batalla comenzaba. Y el demonio no podría ser una peor compañía, pero me intrigaba el hecho de que fuera él, y no Dios, quien me diera la opción sobre el estilo de vida después de la vida. Me planteé la cuestión pero pensé que esa no podía ser la mejor pregunta que le podía hacer al demonio.

"No, no es la mejor", me dijo.

Uff. Me lee los pensamientos,pensé. Pero también me di cuenta que me respondió una pregunta que no le hice pero que me planteé. Así que la situación es grave, pero no desesperada, pensé. Me lee los pensamientos, pero no los controla. En fin, que estoy desnudo, pero no desarmado. Por otra parte me responde preguntas que no le hago, con lo cual puedo acceder a más información de la que podría, solo pensando en una pregunta.

"No te creas tan listo", me dijo.

Coño. Es difícil discutir con alguien que te lee los pensamientos. Pero ese comentario también me demostraba que no estaba mal la cosa para mí. Me lee los pensamientos y solo me dice que no me crea tan listo para desanimarme pero con pensar bien tengo. Que se entere de todo, qué mas dá. Lo que no puedo es engañarlo. Pero soy libre.

"Sí, eres libre", me dijo Satán. Cruzó las piernas, se volteó, miró por la ventana y dijo otra vez. "Eres libre pero no tan justo como crees".

A qué te refieres? Quise preguntarle, pero sabía que pensar la pregunta era suficiente para obtener una respuesta. Y en efecto me dijo:

Me refiero a que yo respeto la libertad. Es Dios el que es un autócrata. Se pone furioso cuando no lo adoran y veneran. Es como ustedes los humanos. Os pica una hormiga y matáis el hormiguero completo. Yo en cambio respeto la libertad de elegir por él, y además no soy tan injusto. Bueno, en estos últimos siglos se ha puesto más tranquilo, tolerante. Dios ha madurado.

Me resultaba difícil debatir eso. Por otro lado estaba confundido por esa actitud tan superior del demonio. Allí seguía, sentado en el sillón, con las piernas cruzadas, analizando a Dios como un psicólogo analizaría a un paciente cualquiera. Hasta osaba opinar sobre cómo Dios había madurado, Solo le faltaba un cigarrillo, y echar humo por la ventana.

"No fumo", me dijo. Y se rascó la cabeza mirando hacia arriba, con la expresión que tienen los devotos cuando rezan.

Me inquietaba que me respondiera a esta inquietud tan trivial. Preferí interrogarme a qué se refería con eso de que Dios ha madurado y recordé el visible cambio de ánimo entre el Dios del viejo testamento y el del nuevo, más amigable, con la figura de Cristo, más humana, invitándonos a amarnos los unos a los otros. Sí, yo también había notado una mayor madurez en el Dios del Evangelio comparado con el del viejo testamento. La pregunta, en fin, es sin duda interesante, pero considerando las circunstancias del caso, no me pareció oportuno hacerla.

Sí, Dios ha madurado. Las historias bíblicas son lo de menos,me dijo el demonio. He disfrutado un montón apareciéndomele al Papa, por ejemplo. Y lo tengo muy confundido. No me cuesta nada confundir a este Papa, ni al anterior. Son un par de idiotas. También aparezco como el arcángel Gabriel. Es divertido.

Sus respuestas continuaban mis propios pensamientos. No era fácil la situación. No me sentía poseído pero me intrigaba mucho algo muy curioso: a mi no me engañaba, y aparecía como lo que era. El demonio. "No te puedo engañar. No a ti, no puedo. No eres como la mayoría de los humanos, que al llegar a este punto y me ven, creyendo que soy Dios, me siguen. Todo ocurre porque Dios pretende adoración y es terriblemente celoso. Dios es un enfermo. Yo, en cambio dejo que me sigan creyéndome Dios, solo para burlarme de su abyección. Pero solo busco espíritus libres".

El demonio no puede ser tonto, y la frase anterior lo prueba. Traté de defenderme, argumentándome a mí mismo. Oye, tú me estás engañando, está claro. Es cierto que Dios pretende adoración absoluta, y eso me resulta una petición bastante rara, casi que un capricho de un sátrapa del desierto. Nunca entendí ese capricho de Dios y por eso me hice ateo. Pero ahora la situación cambia. Tu existes, ergo Dios. Y entonces vienes y apareces como el hombre maduro, que acepta las críticas y las diferencias y dejas a Dios como un histérico dictadorzuelo criado bajo el sol inclemente del desierto. Pero Dios tiene otros mandamientos, más comprensibles y sanos. Como el no matar.

No te engañes, me dijo. Dios inventó la muerte. Y Dios inventó la vida eterna para aquellos que le entregan el alma y pierden su condición humana de distinguir el bien del mal. Yo existo desde el inicio de los tiempos y perdí el control y por eso fui yo el que os di de comer del árbol de la sabiduría. Yo los hice humanos con capacidad de amar y odiar. En realidad yo soy Dios. Y se hizo Dios.

Me di cuenta que no era posible distinguir Dios del Demonio. Pero también me di cuenta que no me interesa saber quién es quién. Lo mejor parecía ser seguir la máxima de mi abuela, y hacer el bien.

Fue allí cuando le hice la pregunta:

Existes?

No te voy a responder, me dijo. Ya lo sabes.

No sé bien qué pasó luego. Miré hacia la mesita de noche y recordé que me tomé un montón de jarabe con codeína para dormir en paz y después me tenía que tomar los analgésicos. Se me olvidaron los analgésicos así que me desperté.

El cáncer sigue allí y me va a matar. Ya casi no puedo respirar. Tengo que tomarme todas esas pastillas para terminar todo de una vez. Lástima que al morirme no tenga sueños eróticos en lugar de discusiones con el demonio. Quizásla próxima vez deba tomar un poco de viagra y vitamina E.

Dormí otro poco.

Me desperté, miré por todos lados y Satanás no estaba. Sin embargo la silla donde lo había visto estaba quemada. Me acerqué y había una frase escrita en el respaldar. Existo y estoy presente. Existo en aquellos que se leyeron esta historia. Tú que lees esto, lo sabes.

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